El próximo 14 de marzo se conmemorará el 455º Aniversario de la muerte de Don Vasco de Quiroga, Primer Obispo de Michoacán, promotor y defensor de los derechos y libertades de los pueblos indígenas en México, promotor de paz, de concordia y prosperidad.

Don Vasco urbanizó muchas localidades, principalmente en la región lacustre, concentrando sus principales barrios en Pátzcuaro, los cuales proveyó de hospitales e industrias, para las que también instruyó a los indígenas para su trabajo y atención sistemática.

Se ganó el afecto de los purépechas gracias a sus obras y a las medidas económicas que promovió. Éstas beneficiaron a los purépechas, en el contexto de la conquista del país. Este afecto le hizo acreedor al trato de Tata Vasco en el que se expresa el afecto filial de los purépechas.

Don Vasco de Quiroga, ejemplo de servicio y amor a los pobres, constructor de una nueva sociedad en armonía y amor, cuyo ejemplo sigue tan vivo, que aún en nuestras pequeñas comunidades, oímos hablar de Tata Vasco, es el hombre cuyo ejemplo sirvió para moldear este pueblo que tiene sed de volver a sus orígenes más puros de convivencia en el amor de Dios.

A ejemplo de Tata Vasco sigamos luchando por una sociedad fraterna y solidaria, por una comunidad humana donde cada mujer y cada hombre, sea valorado, agradecido como un don, respetado y promovido hacia su plenitud. El amor es la fuerza que puede hacer este sueño realidad. Es el sueño de la humanidad, es también, lo sabemos, el sueño de Dios.

Comprometámonos a que cada gesto, cada palabra, cada actitud y cada acción nuestros estén encaminados hacia ese ideal. Lejos, pues, de nuestras vidas la discriminación, el desprecio y el rechazo del otro, sólo por ser diferente; fuera de nuestros corazones todo resentimiento o malestar contra el hermano.

El proceso de su beatificación en Roma sigue adelante, espero que muy pronto podamos invocarlo como nuestro intercesor en el cielo a favor de esta Arquidiócesis, heredera de su gran preocupación pastoral por construir en estas tierras una sociedad donde se viviera la igualdad, el respeto a la dignidad y la fraternidad entre las personas.

 

+ Carlos Garfias Merlos

Arzobispo de Morelia

Vicepresidente de la CEM